• lunes , 22 octubre 2018

El 27% de los hombres repite ropa interior: esto es lo que pasa por hacerlo

¿Por qué ellas son más limpias?


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Como pasa con casi todo en esta vida, hay gente que, a la hora de tomar cualquier decisión, piensa a gran escala y se plantea todas las hipótesis posibles, mientras que otras personas son más bien propensas a no darle ni media vuelta al común de los asuntos. Eso también sucede ante la elección de la ropa interior.

Las personas del primer tipo miran muy bien qué se ponen, al tiempo que se preguntan cuestiones de lo más variopintas: que si mejor ir súper conjuntados por si acaso esta noche pillamos, que si esto no me lo pongo porque imagina que tengo un accidente y el doctor me ve con esta cutrez, que si este conjunto no me pega con la falda, que si estos calzoncillos no sujetan bien, que si son anticuados, o incómodos…

En el otro lado del espectro del comportamiento humano, hay multitud de individuos que, simplemente, ponen la mano en el cajón y extraen la primera pieza que agarran. Y punto. Pero, por lo que se ve, existe aún una tercera tipología y es más numerosa de lo que imaginábamos: la de aquellos tipos que, subyugados por la ley del mínimo esfuerzo, simplemente se enfundan los gayumbos del día anterior… o del precedente a este.

rtamiento y la percepción que los chicos y las chicas tienen de las cosas es muy diferente” dice Eaton al respecto. Probablemente, añade, “muchos hombres simplemente recogen sus calzoncillos, los olisquean por encima y piensan: ‘Bah, los vuelvo a usar'”. El récord en este asunto lo ostentan los garçons franceses, algunos de los cuales han confesado (lo que ya de por sí requiere valor) que han llegado a repetir hasta seis veces seguidas… Chicos: ¡el reciclaje no era eso!

¿Por qué ellas son más limpias?
Para la coach y experta en hábitos saludables Natàlia Calvet, el tema de la ropa interior es tremendamente social. “Existe una presión muy elevada hacia las mujeres para ser perfectas, guapas y limpias, mucho menos acusada en el caso de los hombres. Además, este tipo de rutinas normalmente se crea por imitación de nuestros modelos de género, el padre en el caso de ellos y la madre en el de ellas, lo que hace que se repitan ciertos estereotipos de conducta”, explica.

Es un tema —el de la adquisición de hábitos— que puede apreciarse también en el modo en que hombres y mujeres incorporan nuevas prácticas saludables. Las mujeres frecuentemente quieren hacerlo todo perfectamente perfecto, es decir, si lo que se han propuesto es hacer dieta, tienen que seguirla al 100% y si es ir al gimnasio, se imponen acudir cada día sin falta. Persiguen tanto la perfección que se frustran y pueden llegar incluso a tirar la toalla en el caso de que fallen. En cambio los hombres acostumbran a tener un approach más flexible. No tienden a autopresionarse tanto para conseguir la perfección.

Vale, pero entre el autopressing máximo y el pasotismo extremo hay un amplio margen, ¿no? Visto lo visto, queda claro que enfundarse unos gayumbos usados —algo que no se arregla girándolos del revés, dejémoslo claro— es, además de muy poco glamuroso, nada aconsejable si no quieres que una miríada de microorganismos acampe en tus partes más íntimas. Desaliñados del mundo, no os desaniméis: nunca es tarde para emprender un nuevo rumbo (ni para cambiarse de gayumbos). EL PAÍS

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