• martes , 23 octubre 2018

No existe cura para el Alzheimer

Edad avanzada, antecedentes familiares, hipertensión  y tabaquismo son factores que predisponen a padecer Alzheimer


En el marco del Día Mundial del Alzheimer, que se lleva a cabo el 21 de septiembre, Efraín Salazar Ceballos, especialista en Neurología del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Yucatán, señaló que la enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia – término general para describir la pérdida de memoria y de otras habilidades intelectuales, y es tan severa que interfiere con la vida cotidiana del individuo.

Este padecimiento empeora gradualmente con el tiempo y afecta la memoria, el pensamiento y el comportamiento. El especialista del IMSS explicó que el Alzheimer es una alteración neurodegenerativa primaria, suele aparecer a partir de los 65 años de edad, aunque también puede presentarse entre gente más joven.

Cuando una persona padece la enfermedad, experimenta cambios microscópicos en el tejido de ciertas partes de su cerebro y una pérdida progresiva, pero constante, de una sustancia química, vital para el funcionamiento cerebral, llamada acetilcolina. Esta sustancia permite que las células nerviosas se comuniquen entre ellas y está implicada en actividades mentales vinculadas al aprendizaje, memoria y pensamiento.

Una persona es más propensa a padecer la enfermedad de Alzheimer si es de edad avanzada, tiene un pariente consanguíneo cercano, o ciertos genes ligados a la enfermedad.

En cuanto los factores ambientales que pueden aumentar el riesgo de padecerla son tener presión arterial alta por mucho tiempo, así como antecedentes de traumatismo craneal y el tabaquismo.

Los síntomas tempranos de este mal pueden abarcar: dificultad para realizar tareas que exigen pensar un poco y aprender nueva información o rutinas; perderse en rutas familiares; problemas del lenguaje, como dificultad para encontrar el nombre de objetos; perder interés en cosas que previamente disfrutaba, estado anímico indiferente, extraviar artículos, así como cambios de personalidad y pérdida de habilidades sociales.

A medida que empeora, los síntomas interfieren con la capacidad para cuidar de sí mismo. Pueden abarcar: cambio en los patrones de sueño, tener delirios, depresión, agitación; dificultad para realizar tareas básicas, como preparar las comidas, escoger la ropa apropiada o conducir; dificultad para leer o escribir, uso de palabras erróneas, no pronunciar las palabras correctamente o hablar con frases confusas.

No existe cura, por lo que el objetivo general del tratamiento es disminuir el progreso de la enfermedad, manejar los síntomas como problemas de comportamiento, confusión, problemas del sueño y modificar el ambiente del hogar para que el paciente pueda desempeñar mejor las actividades diarias.

La rapidez con la cual empeora esta enfermedad es diferente para cada persona. Si el mal se presenta súbitamente, es más probable que empeore con rapidez.

Aunque no existe una forma comprobada de prevenir, hay algunas prácticas que vale la pena incorporar en la rutina diaria, como consumir una dieta baja en grasa, comer pescados de agua fría (como atún o salmón) rico en ácidos grasos omega-3, al menos dos a tres veces a la semana.

Reducir la ingesta de ácido linoleico que se encuentra en las margarinas, la mantequilla y los productos lácteos. Incrementar el consumo de antioxidantes, mantener una presión arterial normal; así como permanecer activo mental y socialmente durante toda la vida, también son algunas de las recomendaciones.

En el Instituto Mexicano del Seguro Social, Delegación Yucatán, se brinda atención neurológica, por lo que se exhorta a la población a acudir con su médico familiar para que, de ser necesario, sea canalizado con el especialista y se le brinde atención oportuna.

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