• Lunes , 10 diciembre 2018

Andrés Manuel López Obrador, ¡Presidente!

El tabasqueño llegó al Poder Ejecutivo al tercer intento; arrancó con una ventaja que no bajó en la contienda


CIUDAD DE MÉXICO (Excélsior).- Hoy inicia la Cuarta Transformación de México. Andrés Manuel López Obrador llegó a la Presidencia en su tercer intento, tras librar una campaña que lo colocaba como “Un peligro para México”.

Su primera contienda fue en 2006, luego de cinco años de gobierno en la Ciudad de México y de un convulso proceso de desafuero que terminó en su separación del cargo, además del amago de su encarcelamiento.

La elección concluyó con un margen de diferencia muy cerrado de 0.56% frente al panista Felipe Calderón. La negativa de la autoridad de hacer un conteo “voto por voto” hizo que López Obrador realizara uno de los plantones más grandes del país.

Seis años después, se enfrentó a Enrique Peña Nieto, quien inició la contienda con 11 puntos porcentuales de ventaja en las preferencias y el día de la elección, Peña Nieto ganó con 38.20% de los votos.

En su tercer intento, López Obrador arrancó con una ventaja que no disminuyó durante la contienda; logró una victoria con 53% de los votos. Finalmente la victoria llegó, y fue aplastante.

La tercera fue la decisiva para este amante del béisbol, sobreviviente de un infarto, padre de cuatro hijos, autor de 13 libros, que no sabe lo que es recular en cuestiones políticas y quien en este tercer intento alcanzó una popularidad y ventaja inalcanzables.

Por primera ocasión compitió por la Presidencia en 2006, luego de cinco años de gobierno en la Ciudad de México y de un convulso proceso de desafuero que terminó en su separación del cargo; el amago de su encarcelamiento y su primera gira nacional preparando su campaña a la Presidencia.

La campaña la inició con ventaja, sin embargo, la campaña “Un peligro para México” en contra suya, y su ausencia en los debates presidenciales fueron factores que provocaron su derrota en las urnas por una diferencia de 0.56% frente al panista Felipe Calderón.

En un final sin precedentes en la historia del país, el margen tan cerrado en el resultado de la elección y la negativa de las autoridades para realizar un conteo “voto por voto”, orillaron a López Obrador a salir a las calles, a manifestarse y a generar uno de los plantones más grandes en la historia del país.

La protesta se prolongó por 47 días, con asambleas informativas diarias. Tras el fracaso de su protesta, López Obrador inició una nueva gira por el país.

Seis años después, el principal contendiente era Enrique Peña Nieto.

A lo largo de la campaña, las encuestas ubicaban al priista al frente de las preferencias con hasta 11 puntos porcentuales. El tabasqueño cambió su narrativa a un discurso de una “república amorosa”.

Días antes de la jornada electoral, un ejercicio académico los ubicó en empate técnico. Enrique Peña Nieto fue electo con el 38.20% de los votos, frente al 31.60% de López Obrador, que una vez más denunció fraude electoral, aunque sus protestas poselectorales no tuvieron el alcance de las de 2006.

López Obrador reconoció que hubo épocas en que apenas se reunían 50 personas a escucharlo en algún poblado perdido en una sierra polvorienta.

Y explicó algo que esas jornadas que parecían no tener rumbo tenían como fin enseñar a la gente a ver con otros ojos la realidad, a cuestionar, a pensar que algún día, de alguna forma, la realidad de México puede cambiar.

Llegué a pensar después de 2012 de que en el Zócalo iba yo a decir a la gente ‘hice todo para que cambiara nuestro país, no pude, no nos dejaron, por eso ya me voy a retirar, no voy a dejar de luchar, pero no vuelvo a ser candidato’. Lo pensé, hasta escribí un texto, un borrador, pero también pensé que todavía podíamos”, relató en algunos mítines de la reciente campaña electoral.

LA TERCERA FUE LA VENCIDA

Andrés Manuel López Obrador nunca se dio por vencido, sus derrotas sólo lo impulsaron más para continuar llevando su mensaje a todo el país

La tercera fue la decisiva para este amante del béisbol, sobreviviente de un infarto, padre de cuatro hijos, autor de 13 libros, que no sabe lo que es recular en cuestiones políticas y quien en este tercer intento alcanzó una popularidad y ventaja inalcanzables.

Por primera ocasión compitió por la Presidencia en 2006, luego de cinco años de gobierno en la Ciudad de México y de un convulso proceso de desafuero que terminó en su separación del cargo; el amago de su encarcelamiento y su primera gira nacional preparando su campaña a la Presidencia.

La campaña la inició con ventaja, sin embargo, la campaña “Un peligro para México” en contra suya, y su ausencia en los debates presidenciales fueron factores que provocaron su derrota en las urnas por una diferencia de 0.56% frente al panista Felipe Calderón.

En un final sin precedentes en la historia del país, el margen tan cerrado en el resultado de la elección y la negativa de las autoridades para realizar un conteo “voto por voto”, orillaron a López Obrador a salir a las calles, a manifestarse y a generar uno de los plantones más grandes en la historia del país.

La protesta se prolongó por 47 días, con asambleas informativas diarias. Tras el fracaso de su protesta, López Obrador inició una nueva gira por el país.

Seis años después, el principal contendiente era Enrique Peña Nieto.

A lo largo de la campaña, las encuestas ubicaban al priista al frente de las preferencias con hasta 11 puntos porcentuales. El tabasqueño cambió su narrativa a un discurso de una “república amorosa”.

Días antes de la jornada electoral, un ejercicio académico los ubicó en empate técnico. Enrique Peña Nieto fue electo con el 38.20% de los votos, frente al 31.60% de López Obrador, que una vez más denunció fraude electoral, aunque sus protestas poselectorales no tuvieron el alcance de las de 2006.

López Obrador reconoció que hubo épocas en que apenas se reunían 50 personas a escucharlo en algún poblado perdido en una sierra polvorienta.

Y explicó algo que esas jornadas que parecían no tener rumbo tenían como fin enseñar a la gente a ver con otros ojos la realidad, a cuestionar, a pensar que algún día, de alguna forma, la realidad de México puede cambiar.

Llegué a pensar después de 2012 de que en el Zócalo iba yo a decir a la gente ‘hice todo para que cambiara nuestro país, no pude, no nos dejaron, por eso ya me voy a retirar, no voy a dejar de luchar, pero no vuelvo a ser candidato’. Lo pensé, hasta escribí un texto, un borrador, pero también pensé que todavía podíamos”, relató en algunos mítines de la reciente campaña electoral.

López Obrador inició una vez más un recorrido por todo el país, completando su visita a todos los municipios de México, llegando a las poblaciones más apartadas, algo que ningún político mexicano había hecho antes y que es difícil que se repita.

En este nuevo intento estaría cobijado por el partido creado por él mismo, Morena.

La tercera campaña fue la decisiva. López Obrador arrancó con una ventaja que no perdió a lo largo de la contienda. Por el contrario. Se agrandó y logró una victoria con 53% de los votos, 30 por encima de su más cercano contendiente, el frentista Ricardo Anaya.

Finalmente la victoria llegó, y fue aplastante.

La constancia de mayoría que lo acreditó como presidente le fue entregada el 8 de agosto, cerrando el ciclo de tres elecciones presidenciales y dando paso al intenso periodo de transición.

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