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  • Martes , 20 octubre 2020

Donald Trump y Joe Biden disputan el voto hispano al ritmo de Despacito

La popular canción de Luis Fonsi en el medio de la contienda por la Casa Blanca. A pesar de su política antimigratoria, Trump está mejor posicionado entre los latinos que cuando le ganó a Hillary Clinton en 2016


El Nacional

Kissimmee, Florida (Infobae).- Hace veinte años que se viene hablando del crucial voto de los hispanos de Estados Unidos para definir cualquier elección presidencial. Salvo en algunos distritos de los estados con mayor población latina, el fenómeno aún no mostró todo su potencial. De los 52,2 millones de hispanos (el 17% del total de la población del país), un 25,4% está registrado para votar. Son 25 millones de votos entre 113 millones del total registrado hace cuatro años. Una fuerza que todavía tiene mucho para crecer. Y que puede expresarse con todo su dinamismo en apenas siete semanas, cuando los estadounidenses elijan entre el republicano y actual residente de la Casa Blanca, Donald Trump, y el demócrata Joe Biden. Una muestra de esa fuerza hispana se pudo ver esta semana cuando los candidatos se enfrentaron al ritmo de “Despacito” del cantante Luis Fonsi.

El martes, para marcar el comienzo del Mes de la Herencia Hispana, Biden voló a Florida por primera vez desde que se convirtió en el nominado demócrata. Visitó un colegio comunitario en Tampa, donde se reunió con un grupo de veteranos. Allí dijo que “me hierve la sangre cuando escucho a Trump denigrar a nuestros soldados, veteranos, guerreros heridos y los caídos”. Se refería al gesto del presidente cuando se negó a visitar en Francia un cementerio de caídos en la Segunda Guerra porque considera que se trata de “loosers” (perdedores). Luego, Biden se dirigió a Kissimmee, donde le esperaba un grupo de celebridades latinas. Ricky Martin, Eva Longoria, y Luis Fonsi presentaron al ex vicepresidente e hicieron una petición urgente a sus oyentes para que votaran en noviembre. “Tenemos que actuar, este es uno de los períodos más difíciles de la historia de este país”, dijo Fonsi en su aparición. “Una canción en español rompió todas las barreras entre culturas, idiomas y edades. ‘Despacito’ me demostró que, en este país, nunca seremos definidos por nuestras diferencias”. Cuando Biden caminó hacia el atril, sonriendo sacó su celular del bolsillo y dejó escuchar al micrófono el éxito de Fonsi mientras se veía en una pantalla el video.

Unas pocas horas más tarde, Trump envió por Twitter una versión editada del video de Biden, pero con la canción de N.W.A. “Fuck tha Police” en lugar de “Despacito”. El éxito del grupo de hip hop de 1988 se convirtió en el lema cantado por millones alrededor del mundo en las marchas del Black Lives Matter y contra la brutalidad policial. Twitter etiquetó el tweet de Trump como “medios manipulados”, pero el falso vídeo ya había sido visto más de cuatro millones de veces. El mensaje musical de Fonsi quedó aplastado por la maquinaria de reelección trumpista, sin importar el método utilizado.

Durante su discurso en Florida, Biden habló de las “raíces hispanas” de Estados Unidos y expuso su visión de un futuro en el que “no hay lugar para la idea de ciudadanos de segunda clase”. Recordó que cuatro millones de latinos -que tienen las tasas más altas de población sin seguro de Salud en el país- habían obtenido cobertura durante la administración de Obama. Biden, entonces, se volvió solemne. “Por favor, en esta elección, hagan que su voto sea escuchado”, dijo. “Más que en ningún otro momento, la comunidad latina tiene en la palma de su mano el destino de este país”.

Biden no tiene asegurado el voto hispano. Trump, a pesar de hacer repetidas apelaciones al nacionalismo blanco y mantener políticas contra los inmigrantes, aparece mejor posicionado, según las encuestas, entre los votantes hispanos que en 2016. Podría obtener más de un tercio de los votos de los inmigrantes con raíces latinoamericanas. Por ejemplo, Biden lidera a Donald Trump entre los latinos del estado de Florida por un margen menor que el de Hillary Clinton, quien ganó dos tercios de sus votos en 2016 y aun así perdió el estado. En una encuesta del New York Times/Siena College de probables votantes realizada del 8 al 11 de septiembre, cuando se les preguntó si había que recortar o no los fondos de la policía, el 36% de los hispanos dijo que había que incrementarlos; muy cerca del 38% de los blancos americanos. Es una posición muy conservadora que desprende a los hispanos de la otra minoría negra y los coloca cerca de los votantes de Trump.

Una posible explicación –muy preocupante para los demócratas a largo plazo- es que los hispanos están siguiendo un camino no tan diferente de los grupos de inmigrantes europeos del siglo pasado, como los italianos e irlandeses americanos. A medida que se asimilaron, se volvieron más conservadores y, por lo tanto, comenzaron a votar a los republicanos. Los mismos que votaron en forma masiva a Franklin Delano Roosevelt, años más tarde lo hicieron por Ronald Reagan. El columnista del New York Times, Ross Douthat, escribió que los demócratas están malinterpretando a los votantes hispanoamericanos. Los ponen en una categoría aparte y los suman a los afroamericanos y otras minorías cuando no todo es tan literal. Alrededor del 53 por ciento de los latinos se identifican como blancos. Otros no lo hacen, pero coinciden con los cristianos conservadores del Medio Oeste en temas como el aborto, los impuestos y la relación con Cuba y Venezuela.

Stephanie Valencia de Equis Research dijo en su informe semanal que en algunos estados del suroeste se veía un movimiento de hombres hispanos cada vez más inclinados en apoyar a Trump. Una reciente encuesta del New York Times en cuatro estados clave y aún indefinidos, mostró algunas de estas dinámicas. La mayoría de los votantes hispanos dijeron que Biden no había hecho lo suficiente para condenar los disturbios por la discriminación y el asesinato de negros, y que el candidato demócrata apoyaba el recorte de la financiación de la policía (lo cual no es cierto) y que “eso no está bien”. Esto muestra que los activistas, periodistas, artistas y políticos progresistas, bien educados, de todas las razas están más a la izquierda de la mayoría de los votantes negros, hispanos y asiáticos. Por ahora, muchos se mantienen entre los demócratas más moderados, pero se pueden pasar de bando en cualquier momento.

En la elección del 3 de noviembre, los latinos constituirán el mayor grupo minoritario del electorado y desempeñarán un papel decisivo en cuatro estados que hace cuatro años le dieron a Trump una victoria del Colegio Electoral: Florida, Arizona, Carolina del Norte y Wisconsin. Y allí, si bien Biden tiene hoy una ventaja de entre 3 y 4 puntos, nada está dicho. A nivel nacional, el demócrata tiene entre 4% y 6% más de intención de votos que Trump, pero bajó del 10% que tenía el mes pasado. Durante las primarias demócratas, Bernie Sanders venció a Biden por un amplio margen entre los votantes hispanos en estados clave con grandes poblaciones hispanas, incluyendo Nevada, Texas y California. En las últimas semanas, el ex vicepresidente desplegó una estrategia más sólida para asegurar el apoyo de los votantes latinos, y la presencia de Harris en la boleta le dio un nuevo impulso. También mantiene una considerable ventaja de unos veinte puntos por sobre su rival entre los hispanos. Pero sigue siendo una diferencia mucho más estrecha que la ventaja de treinta y ocho puntos que tenía Hillary Clinton sobre Trump cuando perdió las elecciones de 2016. La esperanza de los demócratas es que esto se revierta ya que el cuarenta por ciento de los votantes latinos elegibles tienen entre dieciocho y treinta y cinco años de edad, y desde 2016 casi cuatro millones de ellos se registraron para votar. “Trump es muy impopular en el grupo, pero las encuestas también muestran que los jóvenes latinos, en particular los hombres, son profundamente cínicos con respecto a los políticos”, escribió Stephania Taladrid en The New Yorker.

La campaña sucia de Trump presenta repetidamente a Biden como un “títere indefenso de la izquierda radical” que sólo traerá “políticas de extrema izquierda” al país. Uno de sus anuncios de radio que se viene escuchando en Miami desde julio simula una conversación telefónica entre una madre y una hija cubanas, Marita y Yesenia. “Creo que los demócratas tienen un tornillo suelto, mamá. Ahora quieren aumentar nuestros impuestos y recortar los fondos de la policía”, dice Yesenia. A lo que Marita responde, “¿Y los viste marchando con la bandera del Che Guevara sobre Biscayne?”.

Esos mensajes, a la vez falsos y estereotipados hasta el absurdo, podrían ser efectivos entre los emigrantes cubanos y venezolanos en Florida, que sienten un profundo odio por los regímenes de Raúl Castro y Nicolás Maduro. Para esta semana se espera una contraofensiva de los demócratas en ese estado donde, una vez más, se podría definir la elección. Los hispanos vuelven a ser la princesa a conquistar por los candidatos a la Casa Blanca. Aunque las Maritas y las Yesenias, como los Josés y los Brians, hace mucho que no creen en los cuentos de hadas y se muestran cada vez más independientes.

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