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  • Martes , 19 noviembre 2019

#Opinión: LeBaron: No se puede justificar lo injustificable

Portland, Oregon (Por Karla SKokan). Hace unos días festejábamos el Día de Muertos y nos jactábamos de que, “como México no hay dos”… pero cuando los muertos aparecen en todos los titulares y las principales redes sociales, nos hacemos de la vista gorda y jugamos el papel de juez y parte para justificar lo injustificable.

Sin duda, el festejo del 2 de noviembre estuvo “chévere” -como dicen por acá…comimos mucho pan de muerto y al parecer, también nos dieron mucho atole con el dedo.

A estas alturas ya todos hemos visto o leído algo sobre el asesinato de nueve miembros de la familia LeBarón, cometido en los límites de Sonora con Chihuahua. Los fallecidos: tres mujeres y seis menores de edad, además de seis menores de edad con lesiones.

Dudé en escribir sobre la escalada de asesinatos y la poca o nula estrategia con la que el gobierno actual está combatiendo al crimen organizado, pero al leer la increíble cantidad de comentarios que justifican el atroz asesinato de estos nueve miembros de la comunidad de La Mora, me vienen a la mente dos conceptos: bipolaridad y/o doble moral.

Leo como se culpa a las víctimas de su propio destino por “no pertenecer a la religión católica”, que es un “castigo divino por ser polígamos”. Leo que “se debería investigar más a fondo para ver que hicieron estas personas”. Leo que “ni mexicanos eran, mejor que se enfoquen -las autoridades- en cosas que sí le atañen a los mexicanos”. Y así, la lista sigue.

Me detengo, tomo un respiro y decido utilizar mi única arma que es mi pluma, para externar mi consternación no sólo por el hecho en sí, sino por la frialdad y cinismo con la que la máxima autoridad del país se ha pronunciado al respecto, pero mis palabras se quedan cortas cuando con asombro veo que aún muchas personas siguen sin cuestionarse o cuestionarle a su mandatario: “Qué es lo que está haciendo el gobierno al respecto?”

Cuando me decidí a escribir esta nota, abrí mis redes para tomar un respiro y me encontré con que acribillaron a tres mexicanos en Jordania… y entonces los comentarios que leí fueron distintos: “Todo el apoyo a nuestros connacionales”, “para que vean que en todos lados está la cosa fea, no sólo en México”, “a ver si con esto le cambian a lo de los Le Barón porque ya dan flojera”.

Por desgracia y como era de esperarse, hubo quienes justificaron el asesinato en territorio nacional y se conmovieron más por el acribillamiento de turistas mexicanos en Jordania… Y no es que una cosa pese más que la otra, no debería ser así. Nadie debería sentir ni una gota de placer en el sufrimiento de otro ser humano…de la nacionalidad que sea.

Pero somos mexicanos, y entonces somos dueños de decidir a qué cosa darle importancia y a cuál no. Somos dueños de exigirle a un presidente, pero a otro no. Y así funciona la cosa.

Lamentablemente, este tipo de notas son el pan nuestro de todos los días. Las hubo durante el sexenio de Calderón como las hubo en el sexenio de Peña.

Para el mayor de nuestros males, además de bipolares sufrimos amnesia, pues en cuanto se nos cruza otro “puente” u otro festejo con el cual alegrarnos, dejamos de lado lo verdaderamente importante y le damos rienda a nuestra “mexicanidad”.

Somos el retrato mismo del “MejiJano”, un concepto acuñado por el investigador Agustín Basave en su ensayo “Mexicanidad y esquizofrenia” (Editorial Océano, 2011), donde intenta explicar la realidad contradictoria, dual e incluso esquizofrénica del mexicano. Esos “rasgos nacionales” que nos impiden alcanzar la equidad dentro del marco de la democracia política y el Estado de derecho.

Por un lado pedimos un cambio, pero dejamos todo en manos ajenas. No comenzamos en casa. No queremos acatar las reglas y si cometemos algún ilícito y alguna autoridad nos impone seguir las reglas, nos enojamos y le echamos la culpa a alguien más.

Sí, el presidente también sufre de “MejiJanismo”, pues al verse acorralado, apunta el dedo y señala a periodistas, a gobiernos anteriores y hasta a países vecinos.  Quiere un pueblo bueno, pero no quiere echar mano dura a delincuentes y organizaciones delictivas. Quiere que la gente siga creyendo en él, pero no da resultados y siempre tiene otras cifras.

Y así pasarán los gobiernos… unos peores y otros más. Pero mientras sigamos viendo tragedias como la sucedida en La Mora y seamos incapaces de empatizar con el terror que estas mujeres y niños sufrieron antes de morir, en verdad no creo que haya mucho por hacer.

El país requiere mano dura, es verdad, pero lo que urge es un cambio profundísimo desde lo más esencial.

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