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  • Viernes , 18 septiembre 2020

Oremus. La otra cara de la Luz parte II

Oremus cuenta historias de la vida real al interior de un convento.


 

¡Hola Amadísimo Señor Jesús! Después de pasar una semana llena de bendiciones y gracias, como por ejemplo el que me haya dado varicela y nadie se haya dado por enterada.  Incluso el hecho de que la madre Priora no me haya creído cuando le mencioné que me sentía realmente mal y me estaban saliendo unos puntos rojos en todo el cuerpo, que sentía tenía fiebre y comezón.; me dijo que seguro era una intoxicación.

La madre Priora tuvo a bien en su sabiduría diagnosticarme, ella que ni siquiera concluyó de manera exitosa el bachillerato  (en realidad solo dos monjas, al menos en mi comunidad lo concluyeron, y solo una tiene licenciatura…) bueno, pero no debo incurrir en falta por esto, ya que tu mi Señor Jesús no necesitas que una persona tenga estudios, porque Tú concedes la gracia y haces a nuestros superiores santos y sabios. ¡Bendito seas  mi Señor!

Lamento mucho hablar, porque me siento muy culpable de decir las cosas, pero siento  doblarse mi pobre naturaleza humana. Y muchas veces aunque oro y me sacrifico y ofrezco todo, y lucho constantemente por tener la mejor disposición a tu santísima Voluntad.

Después de los remedios que me proporcionó nuestra madre Priora de manera tan gentil y solícita. Continué sintiéndome cada vez peor, además de la fiebre y deformación del rostro producida por supurantes barros que ya estaban instalados incluso dentro de mi garganta.

Pero yo callaba y trabajaba, así como nos lo recomendó nuestro amantísimo Padre San Benito   “Ora et Labora”  (ora y trabaja) es decir orar en todo momento, aún el trabajo duro que quiebra tu espalda, y acabas más que agotada. Al final del día debes darle gracias a Dios por todas esas bendiciones porque si no duele entonces ¿dónde está tu sacrificio de amor a tu Divino Esposo por el que te consagraste y has dado tu vida?

Han llamado por fin al médico, me siento muy aliviada mi Señor Jesús, pero al igual me siento muy culpable de dar remedio a mi dolor y confiar poco en Ti en la voz de mi madre Superiora, que destila Sabiduría del Cielo.  Porque para llegar a ti mi Señor Jesús no es necesario tener estudios sino fe y confianza en tu Divina y Santa Voluntad.

Después de irse el médico (porque ha venido al monasterio y para ello fue menester ataviar la pequeña sala donde tenemos recreo dentro de la clausura y lo he hecho yo sola porque a la hermana que se le encomendó hacer esta tarea me dijo muy molesta que yo era la enferma no ella así que a pesar de lo terriblemente mal que me sentía lo hice) la Madre Abadesa me riñó y dijo vaya a descansar (eran alrededor de las 8 de la noche) queda usted dispensada del rezo de maitines. (12 a.m) .

Perdón Señor Jesús por no saber sufrir por tu amor, tanto me has amado y sufrido y yo no he podido soportar una calenturilla de 40 grados, comezón, y demás cosas. Esta noche dormiré con la culpa….

Sor Agnes Schwarz  Nonne N.S

 

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